Reflexiones de Marta Moreu

Hacer una escultura es un acto de creación; es como jugar a ser Dios para crear tu propio mundo con algo tan amorfo y terrenal como el barro. Es agradable crear algo de la nada. Es a través de estos nuevos seres que busco mi propia inmortalidad. Es por eso que he elegido el bronce como mi material definitivo, porque gracias a su nobleza y durabilidad resistirá mejor el paso del tiempo, y quizás yo viva por siglos.

Todo mi trabajo ha sido creado naturalmente, a veces impulsivamente, probablemente surgiendo de mi subconsciente. Emerge de mis sentimientos más profundos con una única intención: comunicarse. Con quién o con qué, no sé. Quizás conmigo mismo. Es como la introspección, un psicoanálisis que saca a la luz mis temores, mis dudas, mi pasado, todo mi mundo interior, a menudo desconocido y desconocido para mí.

Constantemente busco la autenticidad, y eso no es fácil, dado que para hacerlo debes intentar aislarte de todo lo que te rodea, y como eso es imposible, intento pasar todas las experiencias e imágenes del mundo exterior, cuanto más mejor, a través de mi ser interior, remodelar esta realidad y expresarla a través de la escultura.

Disfruto la escultura africana y el arte egipcio, pero me identifico con la expresividad y el romanticismo de Rodin y la espiritualidad y austeridad de Giacometti. Admiro la monumentalidad de Henry Moore y me atrae el sentido muy personal de la proporción que tenía Manolo Hugué. La perfección de la escultura de Miguel Ángel tuvo tanto impacto en mí que nunca he sido capaz de aislarme de mis raíces clásicas.

En mi trabajo, trato de acumular los máximos elementos e influencias posibles (desde la escultura primitiva hasta el presente, no solo de Occidente sino también de Oriente) para unir civilizaciones, culturas, épocas y religiones y tratar de representar el esencia de la vida humana. Un claro ejemplo de esto es la escultura Danza de las Ninfas, que es una fusión del este y el oeste, aunque intenta mantener un estilo indígena. Es a través de este proceso que trato de hacer que mi arte sea universal y entendido por personas de diferentes nacionalidades, razas, sexos y edades.

Elijo escultura figurativa porque represento realidades específicas, aunque no necesariamente de una manera realista; en otras palabras, no como son, sino más bien la forma en que los veo. Por esta razón, desde que terminé mis estudios en la Facultad de Bellas Artes, donde usé modelos e hice dibujos de vida ad nauseas, siempre he modelado de memoria para lograr mis ideas. Mi realidad no es objetiva, pero mi trabajo continúa siendo figurativo.

Es muy difícil apartarse de todo el arte representado por nuestros antepasados ​​y contemporáneos. El problema es que la originalidad es cada vez más difícil de lograr. Cuanto más conoces y cuanto más ves, más fácil es caer en una reinterpretación de lo que ha sucedido antes, y lo único que ocasionalmente logro decir es algo nuevo, pero a mi manera.